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ZONA NEGRA Parte V

Puedes leer las anteriores aquí la primera parte, y aquí la tercera y cuarta

Zona Negra
Parte V

Empezamos a caminar con cuidado de no caernos ni tropezarnos con nada de lo que había en la cueva.
Llegamos al tablero que desde lejos parecía pero no estábamos seguros de lo que era hasta que finalmente pudimos apreciar la obra.

-Un ascensor-. dijo Crispulo casi riendo- Un ascensor en plena selva.
-O un montacargas- apresuré a decirle. Pero mis sentidos decían que algo estaba mal.

Todo había salido muy fácil. La llegada a la puerta, el traslado hasta el interior de la cueva, la carencia de centinelas, y ahora un ascensor "que funciona". Algo de verdad no estaba nada bien.

-Bueno vamos a montarnos a ver donde nos lleva esta antiguedad- dijo mi compañero al momento que se acercaba al botón para llamar el ascensor.

-¡No! espera un momento, por favor... esto es demasiado fácil, y si fuera algo de lo que pienso que es, ya creo que deberíamos estar muertos.

Me puse una de las linternas con liga, alrededor de mi cabeza y prendí el faro, y con la que tenía en la mano comencé a inspeccionar toda la pared donde estaba incrustado el ascensor.

-¿Entonces? - preguntó Cris con los hombros y brazos interrogando también.
- Aprietalo y que pase lo que tenga que pasar.
- Te dije que si esto estuviese vigilado ya deberíamos estar muertos, además yo fui militar y se como son las cosas.
-Eso lo dije yo, no tu pero creo que tienes razón. Llama el ascensor.

El ruido que se escuchó fue del típico conmutador eléctrico para llamar a los ascensores antiguos que trabajaban por relés. Y comenzamos a escuchar el desplazamiento del vehículo, hasta que se abrió la puerta ante nuestros ojos.
Yo que no soy muy fanático de montarme en los ascensores, inmediatamente vi la puerta. Era de metal y muy grueso. Se veían bastantes pesadas y fuertes para abrir y se podía leer en el piso algo así como weisteiner.
Cuando nos montamos el ascensor se cerró y comenzó su trayecto... pero nosotros no habíamos marcado ningún piso.

El ascensor se abrió, pero los que vieron su interior solo vieron el vacio.

- En esta vaina hay fantasmas chamo-, dijo uno de los hombres vestidos de bluejean y camisa azul clara.
-No hay fantasmas ni nada, solo debe ser un corto que tiene el ascensor, esa vaina es de cuando Perez Jiménez, y todavía funciona con la humedad que hay aquí. Ayudame con estas cajas que están pesadas. Quiero irme antes de mediodía para llegar a mi casa y ver si en la tarde dijo el otro hombre, que era el que manejaba el jeep.

-Viste que esto fue lo mejor que pudimos hacer-, susurró Cris a mi lado en el techo de ascensor. Asentí con la cabeza.

Los hombres trasladaban cajas de madera de un metro de largo. Parecían las cajas donde vienen las botellas de vino caro, pero un poco más alargadas.

Esperamos hasta que los hombres arrumaron las cajas que le quedaban. Uno de ellos prendió un cigarrillo y el otro protestó, pero no pudimos escuchar la conversación. Mis manos se empezaban a entumecer de lo aferrado que estaba a la estructura del ascensor.
Cuando nos montamos, Cris me dijo que era mejor ocultarnos, abrimos el tragaluz del ascensor y rápidamente subimos al techo. Mientras el ascensor bajaba a las profundidades y un olor se hacía presente pero no lo lograba identificar.

Pese a las linternas, no puedo calcular cuanto bajamos, pero si aprecié que el ascensor había sido construido en la roca desnuda de la cueva.

-Bueno vámonos de aquí, lo bueno es que esta es la última vez que vengo, desde mañana vas a tener otro compañero-, dijo el chofer mientras se montaban en el ascensor. Presionó el botón y empezamos a subir.

Oímos cuando prendieron el motor del vehículo y se encaminaron a Caracas. Mi compañero y yo volvimos a entrar al ascensor y marcamos el último botón y comenzamos a bajar.

Cuando abrió la puerta, no se escuchaba nada. Solo el zumbido de los bombillos que rodeaban la zona donde antes habían dejado las cajas los obreros.
-Mira, hay alguien más-, señalándome el espacio vacío donde estaban las cajas cuando subimos.
-Si eso es evidente, pero ¿donde?

La respuesta no se hizo esperar mucho. Vino de nuestra espalda y todo nuestro alrededor. La luz nos dejó ciegos. vi que Crispulo hizo los movimientos de alguien que saca un arma.

-Por favor, llevense las manos a la nuca y pónganse de rodillas que están rodeados. Señor baje el arma que aquí es innecesaria-. Dijo la voz de un hombre por unos parlantes.
-Coño, estamos jodíos,-dijo Crispulo.
-Creo que si- respondí antes de escuchar varios pasos detrás de mi. En ese momento tuve un mal presentimiento, de esos quizás cuando estás a punto de que pase algo malo.

-Tráelos pero no los golpeen-, solté el pecho relajándome. Y de pronto una luz más blanca y después todo negro.