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Zona Negra continuación

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Parte II
Una vez ya revisada mis fuentes y con distintos puntos donde ir y averiguar, la supuesta aparición de Ovnis o aunque sea la base militar secreta en el Parque Nacional El Avila, pedí ayuda al señor Críspulo González un ex Guardia Nacional retirado quien trabajó como apoyo de los Guardaparques en El Avila durante muchos años.
Nuestra primera opción o primer plan, fue subir al Avila como lo hace cualquier mortal; a pie. El punto inicial de nuestra travesía fue la subida por San Bernandino. Al final de la calle que esconde al Hotel Avila.
La deducción fue lógica. Es una carretera de servicios por donde suben los Jeeps con provisiones, para el personal de Loma del Cuño y Mecedores. Siendo una vía de acceso con posibilidades de utilizar vehículos, si existiese alguna base militar o laboratorio de estudios alienigenas, esa sería la ruta por donde subirían los vehículos de provisiones.
Otra de las cosas que llevo anotado en mi diario de investigación, (no es un LIBRACO, solo un pequeño block de dibujo como el que usan los arquitectos para llevar sus anotaciones), es que en los últimos días, varias personas y estudiantes de los colegios cercanos habían visto sobrevolar la zona, varios helicópteros. Sin embargo esto no era lo más interesante, sino que uno de los testigos señaló que uno de los helicópteros era grande y no llevaba la típica numeración o placa de identificación. Por lo que esta noticia hacía que los medidores de emoción saltaran hasta su punto más alto, aunque también tenía cierto temor porque si era verdad todas esas versiones de los helicópteros, también podía ser cierto que no existiese ningún camino a la base militar.
Una vez preparado el equipo y vaciado la cuenta del banco comprando cosas de último momento, tomamos nuestros morrales y cerca de las 5 y 45 am, montamos todas nuestras cosas en el carro de mi esposa, quien no estaba muy de acuerdo en la expedición, pero después de argumentarle varias razones, entre ellas la de Mythbuster, "Todo sea por la ciencia", accedió a llevarnos hasta la puerta de la entrada vehícular de San Bernandino.
Tomamos la autopista con dirección al centro y una leve llovizna nos hacía pensar que nuestra excursión a lo desconocido no iba a ser fácil, ya que tendríamos un tercer compañero en esta expedición.
Llegamos a la puerta del parque nacional y la lluvia había cesado. Bajamos nuestros equipos y nos pusimos los morrales en la espalda. Durante nuestra maniobra un grupo de Scouts pasaron a nuestro lado saludándonos todos sonrientes, sobretodo los lobatos y principiantes que solo vestían de blue jeans y camisa blanca.
El guía hizo una pequeña pausa para saludarnos y preguntarnos a donde íbamos a acampar, porque no estaba dejando subir después de Papelón "por medidas de seguridad". Yo le dije que íbamos a subir hasta Los Venados y tratar de ver con el telescopio, algunas constelaciones.
Se despidió y la tropa de los chamitos siguió su camino hasta que dieron la vuelta en la primera curva.
Mi esposa me preguntó si llevaba todo. Lo más importante era el celular. Para mantenerme en contacto con ella. Además del celular, había comprado un precioso útil pero costosísimo reloj Casio con GPS. Ese me ayudaría a darle las coordenadas a mi esposa para que me ubicara por medio de Google Earth y así poder hacer una especie de mapa del parque nacional.
Me estampó un dulce pero fuerte beso en los labios; "Cuidate". Se montó en el carro, encendió el motor y se marchó. Críspulo ya había dado los primeros pasos haciendome señas de que lo alcanzara.
Parte III
Ambos tenemos bastones para ayudarnos a subir la pendiente asfaltada rápidamente.
-Tenemos que subir rápido antes de que nos agarre algún ratero. Dijo me compañero tratando de apurar el paso.
El sol ya comenzaba a salir y el calor hacía que la humedad chocara contra nuestros cuerpos, pero cuando me refiero a "chocar" no lo hago en el sentido literario, sino en el más y completo realista sentido de la palabra. La dificultad para respirar se hizo presente, pese a que no estábamos a más de 1300 metros sobre el nivel del mar.
Esa pequeña pausa la utilice para apretar el botón anaranjado del reloj. Inmediatamente sonó un beep y mostró las coordenadas. Las mandé a mi esposa en un mensaje de texto. Primer punto, me dije.
El señor Críspulo me preguntó si tenía idea a donde iba. Le dije que si: "Claro, vamos a la base militar que está aquí". Y sonrió.
Me explicó que durante sus años de servicio en la GN nunca había ido a esa base y que para él y sus compañeros esa base era una especie de mito. Por eso fue que cuando lo invité (previo acuerdo económico obviamente), no rechazó la propuesta.
Sin embargo su confianza hacia mi, todavía no estaba ganada del todo, ya que no entendía por que yo iba en la búsqueda de tal cosa, y porque no había agarrado la ruta de El Camino de los Españoles, donde de verdad ahí se escuchan muchas historias.
-Fácil, entre esa vía y el teleférico, lo que queda es esto ¿no? Y que es más relevante, ¿un camino histórico o un camino recreativo como el teleférico? Ambos ¿verdad? Bueno y que importancia tiene entonces una carretera de servicios, o no esconderías algo en algún tipo de carretera poco transitada, bueno esa es mi teoría. - Críspulo asintió con la cabeza y una leve sonrisa que se confundió con las marcas de las arrugas de su piel. Tomamos agua y seguimos.
Cerca de las 8 y 30 de la mañana, luego de salir del espeso bosque y adentrandonos en terreno más árido, Crispulo maldijo.
-¿Qué pasó? le pregunté
-Desde que empezamos a subir y después que se acabo la vía de concreto, habían tres huellas de jeeps en la tierra, pero desde que nos pasaron las muchachas aquellas, solo veo dos huellas, una se fue y no se a donde.
Entendía la preocupación del rastreador que sin darse cuenta había hecho un hallazgo importante, solo que después de ver a las 4 muchachas en sus licras, gorras y zapatos deportivos, perdió la concentración y también la importante pista.
Chequeé el reloj y marcaban casi las 8 y 34 de la mañana. Y el sol ya comenzaba a calentar bastante por si solo. Observé que Críspulo levantó la cabeza para atrás cerrando los ojos para recordar.
- ¿Habrá algún problema que nos devolvamos?
- Ninguno. - le dije yo, poniéndome en marcha en búsqueda del bosque húmedo.
Bajamos por casi 20 minutos.pero seguíamos sin conseguir las huellas. Otros grupo de excursionistas se cruzó con nosotros. Nos paramos.
Eran 4 muchachos, al parecer por sus rostros, parecían estudiantes de bachillerato o recién salido de el. Todos tenían los rostros rojos y los costados de sus caras sudadas. Hasta el más moreno, acusaba en su cara el cansancio por el esfuerzo de ir contra reloj.
-¿Y ya ustedes se devuelven? Preguntó el más delgado de ellos.
-No es que se nos quedó la carpa y vamos a buscarla. Le dije sonriendo a los muchachos quienes soltaron una carcajada. -no vale es que dejamos una cantimplora olvidada unos metros más abajo y vamos a buscarla.
-Bueno nosotros seguimos, vamos hasta Los Venados y vamos en contra del reloj. Buena suerte. - Y siguieron subiendo. Críspulo no había parado por lo que tuve que dar unos pasos rápidos.
Entramos en la zona boscosa-húmeda de nuevo. Habíamos bajado bastante, tanto como para escuchar los carros que pasaban por la cota mil. Hasta que Críspulo volvió a maldecir y se volteó riendo.
-Los encontré, pero desaparecen aquí como si se fuera volando. Mira...
En serio, las huellas terminaban en ese exacto lugar sin ninguna explicación. Y por la lluvia que había caído temprano, las huellas eran recientes. Pero en ese momento, escuchamos un motor. Sin duda era un jeep. Así que nos soltamos rápidamente los morrales y nos sentamos en el suelo, simulando como que estábamos cansados y yo mandaba un mensaje con mi nueva y valiosa ubicación.
Era un vehículo blanco, con letras negras rotuladas que decían PRENSA, cuando pasaron a nuestro lado, escuchamos una canción de Tito Rojas a todo volumen. Le hice señas al conductor con el pulgar y este me respondió "SUDA QUE AHORA ES CUANDO TE FALTA". Ambos vimos como el jeep derrapó un par de veces disparando piedras. Me oculté la cara, pero un extraño sonido me hizo ver a Críspulo que estaba un poco más abajo.
Un sonido extraño. Ambos cruzamos miradas e hicimos ese gesto de impaciencia con el jeep para que marchara. El conductor tuvo que vernos por el retrovisor porque sonó la corneta antes de desaparecer en la siguiente curva.
Una vez hubo silencio, le pregunté a Críspulo si había escuchado lo mismo que yo. El asintió con la cabeza y ambos tomamos unas pequeñas piedras y las lanzamos.
Glang, glang.
- Sonído metálico. UNA PUERTA, grité.
-Más bien, una rampa de acceso. Por eso las huellas desaparecieron aquí.
continuará...